El derecho a la sombra: la umbrología que quiere cambiar cómo diseñamos las ciudades

En Sevilla hay una pregunta que se responde cada verano al salir a la calle: ¿por dónde se puede caminar sin achicharrarse?

La sombra determina dónde esperamos el autobús, qué terrazas elegimos, por qué calles paseamos y cuánto tiempo permanecemos en una plaza. En los meses de más calor, también condiciona qué espacios públicos siguen teniendo vida y cuáles quedan prácticamente vacíos.

Ahora, un concepto reciente surgido en el ámbito de la arquitectura y el urbanismo ha empezado a llamar la atención sobre esta cuestión: la umbrología. El término da nombre a una iniciativa impulsada por distintos colectivos que reivindica incorporar la sombra al diseño de los espacios públicos y plantea el llamado “derecho urbano a la sombra”.

La idea resulta especialmente interesante en ciudades donde las altas temperaturas condicionan durante meses la forma de utilizar calles, plazas y parques. La cuestión es muy concreta: ¿cómo conseguir que la ciudad siga siendo habitable cuando el calor aprieta?

La sombra también es urbanismo

Durante mucho tiempo, la sombra ha aparecido en los proyectos urbanos como un recurso asociado al confort: un árbol, un toldo, una pérgola o una marquesina.

La umbrología propone mirar estos elementos desde otra perspectiva: la sombra influye directamente en cómo utilizamos un espacio público y en el tiempo que estamos dispuestos a permanecer en él.

El ejemplo que ha dado visibilidad a esta corriente es “A la Sombra del Trencadís”, una intervención desarrollada en la Rambla de Sants de Barcelona. Allí, una estructura de madera y una gran malla de sombreado permitieron convertir un espacio poco utilizado en un lugar de encuentro, juego y estancia.

La experiencia permite entender algo importante para el urbanismo: las condiciones ambientales pueden determinar el uso real de una plaza, una calle o un recorrido peatonal.

La orientación de las calles, el arbolado, las estructuras de sombra, los espacios verdes y la relación entre los edificios pueden cambiar por completo la experiencia de caminar por un barrio.

Por eso, la sombra empieza a ganar peso dentro de una conversación más amplia sobre adaptación climática, espacio público y urbanismo sostenible.

Sevilla sabe diseñar con sombra

La idea puede parecer novedosa, pero el clima lleva siglos formando parte de las decisiones arquitectónicas y urbanísticas de Sevilla.

Patios, calles estrechas, soportales, toldos, árboles, fuentes y espacios intermedios han ayudado históricamente a protegerse del sol y a crear espacios más confortables durante el verano.

El centro histórico sigue utilizando algunas de estas soluciones. Los sistemas de entoldado crean recorridos protegidos en calles y plazas durante los meses de mayor calor y permiten mantener el uso peatonal y comercial de estos espacios.

La diferencia ahora está en llevar esa adaptación climática al diseño de los nuevos barrios desde el primer momento.

La sombra puede proceder de un árbol, pero también de la orientación de una calle, de una galería, de una pérgola o de la relación entre los edificios y los espacios libres. Son decisiones que pueden incorporarse al proyecto urbano antes de que el barrio exista y que condicionarán la experiencia de sus espacios exteriores durante décadas.

Aquí entra también la infraestructura verde. El arbolado y la vegetación aportan sombra y espacios de estancia, además de reforzar la conexión entre los barrios y su entorno natural.

¿Cómo se diseña una ciudad preparada para el calor?

La adaptación climática empieza mucho antes de plantar un árbol. Empieza cuando se decide cómo se estructura un barrio.

Dónde se sitúan las zonas verdes. Cómo se conectan los espacios públicos. Qué recorridos peatonales existen. Cómo se relacionan las viviendas con las áreas de estancia. Qué continuidad tienen los espacios libres. Y, especialmente en una ciudad como Sevilla, qué alternativas tendrá una persona para desplazarse, pasear o permanecer al aire libre durante las horas de mayor temperatura.

Esta forma de entender el diseño urbano está presente en Pítamo Ciudad Sostenible, donde los espacios libres y la relación con el entorno natural forman parte de la estructura del proyecto.

Pítamo contempla 421.369 m² de Sistema General de Espacios Libres y 237.888 m² de dotaciones de sistema local de espacios libres. La ordenación también plantea la puesta en valor del cauce del Guadaíra y su integración en la estructura verde del proyecto.

El proyecto se desarrolla sobre 2.064.722 m² de superficie total e integra vivienda, actividad económica, servicios avanzados, equipamientos, movilidad y espacios libres dentro de una misma ordenación.

Esta estructura permite que los espacios verdes formen parte de los recorridos y de la vida cotidiana del barrio, con lugares para caminar, permanecer y relacionarse.

En Sevilla, donde el calor puede limitar durante horas el uso de calles y plazas, la manera en que se diseñen estos espacios exteriores será determinante para mantenerlos activos durante los meses más calurosos.

El nuevo valor de la sombra urbana

La umbrología pone nombre a una cuestión que empieza a ganar espacio en el diseño urbano: cómo mantener utilizables los espacios públicos durante los periodos de calor intenso.

La respuesta puede estar en soluciones muy sencillas: árboles, recorridos sombreados, patios, pérgolas, vegetación, materiales adecuados o calles orientadas para reducir la exposición solar.

Pero también en una decisión de diseño: incorporar el confort climático desde las primeras fases de un proyecto urbano.

Para Sevilla, esta cuestión tiene una importancia especial. El clima ha condicionado durante siglos su arquitectura y seguirá siendo un factor determinante en la evolución de sus espacios urbanos.

La sombra puede afectar al confort, pero también a la movilidad peatonal, al uso de las plazas, a la actividad comercial y a la posibilidad de disfrutar del espacio público durante los meses más calurosos.

Si una calle ofrece sombra, resulta más fácil recorrerla. Si una plaza tiene zonas protegidas del sol, aumenta la posibilidad de que alguien decida quedarse. Y si un barrio conecta sus espacios verdes mediante recorridos confortables, sus calles y plazas pueden mantener actividad incluso en las horas en las que el calor más condiciona la vida urbana.

La pregunta que plantea la umbrología resulta muy concreta para ciudades como Sevilla: ¿qué lugar debe ocupar la sombra en la forma en que diseñamos nuestros barrios?

En Sevilla, diseñar para el calor ya no puede ser una cuestión secundaria. La sombra también se proyecta, se planifica y se construye. Y las decisiones que tomemos hoy determinarán qué calles, plazas y barrios podremos seguir disfrutando cuando llegue el próximo verano.

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